DE ALGUNA MANERA, Ruby Moss encontró la fuerza para arrodillarse en oración. Aunque debilitada de manera severa a causa del virus, clamó a Dios para pedir por la vida de Adolphus Moss, su esposo durante 32 años.
Él se deterioraba con rapidez. Una enfermera acababa de llamarle desde un hospital en Tuscaloosa, Alabama, para advertirle que incluso con un ventilador completamente conectado a Adolphus, él ya no era capaz de respirar.
“Escucha mi súplica, oh Dios, perdónale la vida”, repetía Ruby desesperada. Después de orar durante varios minutos por un milagro, la respuesta para Ruby llegó al otro lado del teléfono: “Lo siento, no lo logró”.
En abril, junto a la tumba de Adolphus Moss, en el cementerio de la Iglesia Bautista Fourth Creek de York, Alabama, se llevó a…
