Es un día como cualquier otro en San Diego, de cielos azules a 23 grados, palmeras, autobuses escolares, embotellamientos, comida rápida y tiendas. La luz matutina es tenue.
Conduce desde el océano Pacífico hacia los enclaves de la clase trabajadora y las plazas comerciales, y observa con más atención. Ahí, en un Nissan durante la luz roja, o allá, por la curva, en esa miniván, están las posesiones de toda una vida, consolidadas y retacadas en bultos redondos de camisas, toallas y mantas que se desbordan de los espacios entre las cabeceras.
Ahora conduce unos 14 kilómetros de la playa a Golden Hill, hasta el estacionamiento de la iglesia. Cada noche, alrededor de las seis, encontrarás más autos llenos con vidas enteras, estacionados en el crepúsculo de la tarde que…