EN EL EXTREMO SUR del atolón de Fakarava, un rectángulo de coral de 60 kilómetros de largo en la Polinesia Francesa, un canal estrecho atraviesa el arrecife de coral. Cada junio, miles de meros camuflados se congregan ahí, para engendrar una nueva generación. Los violentos flujos de las mareas lo atraviesan cada seis horas, mientras llenan y vacían la laguna. Los meros, gordos y de 50 centímetros de largo, no están solos: cientos de tiburones grises también se reúnen para acecharlos. Los meros hembra pasan, a lo mucho, unos cuantos días en las zonas de desove. Sin embargo, por alguna razón, los machos, que la mayor parte del año llevan vidas solitarias, pasan semanas amontonados en este lugar traicionero, hasta que, finalmente, la masa completa de peces desova al mismo…