Las cordilleras centrales de Baja California, en México, son el escenario de un extraordinario acontecimiento prehistórico. Allí se desarrolló una de las tradiciones de pintura rupestre a mayor escala del mundo. Su carácter excepcional llevó al escritor y fotógrafo Harry W. Crosby a denominarlo Gran Mural, en 1975. Su imaginería abarca representaciones tanto de animales como de personas, y son especialmente característicos sus pictogramas de ciervos y antropomorfos de tamaño superior al natural. Aunque hay figuras zoomorfas en casi todas las composiciones, los cérvidos tienen un papel protagonista, pues aparecen en la mayoría de los paneles. Abundan también los berrendos y carneros, seguidos por pumas, coyotes, aves, serpientes, ballenas, tortugas, leones marinos y otros vertebrados.
Mientras que algunas de las composiciones transmiten un deliberado hieratismo y gravidez, otras resultan dinámicas…