En 1964 el arqueólogo alemán Fred Wendorf desenterró en la frontera norte de Sudán, África, los restos óseos de 59 individuos –hombres, mujeres y niños–, durante los trabajos de construcción de la presa de Asuán. El llamado Cementerio 117 escondía lo que para algunos especialistas es el rastro de la primera guerra de la historia o, para ser más precisos, el combate más antiguo conocido. Tan antigua, que es, al día de hoy, el único episodio con estas características documentado en el Mesolítico. La singular necrópolis tiene, según el veredicto del radiocarbono, entre 13,000 y 14,000 años de antigüedad, y no menos de un 40% de los individuos muestra evidencias de muerte en circunstancias violentas, en forma de heridas provocadas por proyectiles o lanzas que, a juzgar por el análisis…
