Brasil fue, tras la invasión napoleónica, el lugar elegido por el regente de Portugal, JuanVI, para instalarse en el exilio. Tras la derrota del corso, Juan VI volvió a su país ya como rey, pero dejó en Brasil a su hijo Pedro como regente. Este acabó por aliarse con los nacionalistas y desobedeció a su padre, que le exigía volver a Lisboa. Ante esta demanda, Pedro reaccionó con el llamado Grito de Ipiranga: “¡Independencia o muerte!”, al tiempo que desenvainaba su espada.
Así, el 12 de octubre de 1822 fue proclamado emperador de Brasil, con lo que empezaba una nueva etapa de este territorio como país e imperio, al frente del cual estaría él. Le sucedió su hijo, Pedro II, emperador hasta 1889, cuando los militares proclamaron la República de…