Rosemarie Bayer era una adolescente cuando contrajo matrimonio con Josef Fritzl. Era tímida, ingenua y tenía mucho miedo; temor de contradecirlo, defraudarlo y, sobre todo, miedo a sus puños. Nunca preguntó sobre la hija desaparecida, del mismo modo que Sonia Sutcliffe no se cuestionó si Peter, su marido, era en realidad un asesino en serie (ver MUY CRIMEN, Asesinos en serie, 2017). Mejor no hurgar en los pensamientos. Y eso que Fritzl, tras encerrar a Sissi en el sótano, dejó de acostarse con su mujer. La excusa: “Eres demasiado gorda como para excitarme”. Rosemarie se desahogaba con sus amigas; compartía con ellas todas sus frustraciones sobre su marido, y recordaba con especial amargura la violación de la enfermera en Linz. Tras ser arrestado, en 2008, Fritzl suplicó a Rosemarie que…