Según una nueva teoría, una mutación genética que ralentizó en dos o más niños el desarrollo de una región encefálica (la corteza prefrontal), pudo estar detrás de una serie de eventos que llevaron a que, hace 70,000 años, adquiriéramos un lenguaje recursivo –que nos permite hablar sobre lo que hablamos; por ejemplo, para preguntarle a alguien: “¿A qué te refieres cuando dices eso?”– y la imaginación. Dicha hipótesis, bautizada con el nombre de Rómulus y Remus por el neurocientífico Andrey Vyshedskiy, de la Universidad de Boston (EUA), intenta resolver el antiguo misterio de la evolución del lenguaje. Porque existe una brecha temporal de medio millón de años desde que el hombre se dotó de una anatomía propicia para el habla moderna –600,000 años atrás– hasta la aparición, a partir de…
