Mary Douglas Nicol nació en Londres, la capital de Inglaterra, en 1913. Su padre, Erskine Nicol, era pintor de paisajes, y enseñó a su hija desde pequeña el arte del pincel. Además de su oficio, Erskine compartió con Mary su gusto por la arqueología.
La familia pasaba largas temporadas en Francia, y fue ahí donde la futura paleoantropóloga vio unidas sus dos pasiones al admirar las pinturas rupestres de las cuevas de Lascaux, en la región de Dordoña. Para su fortuna, su padre conocía al cura Amédée Lemozi, un arqueólogo experto en prehistoria, quien la invitó a acompañarlo en sus expediciones dentro de la cueva.
La sorpresiva muerte de Erskine obligó a Mary y a su madre, Cecilia, a regresar a su país. Tuvo años difíciles en la adolescencia, y…