En una ocasión Poseidón, el dios griego de los océanos, obsequió a Minos, rey de la isla de Creta, un imponente toro blanco. No era un regalo desinteresado, pues lo que Poseidón esperaba era que el monarca oficiara con el hermoso animal un sacrificio en su honor. Minos, sin embargo, se encaprichó con el toro y decidió faltar al deseo del dios. Colérico, Poseidón hechizó a la esposa del rey, Pasífae, quien se enamoró perdidamente del toro. Tal es así que la reina y la bestia consumaron ese amor, fruto del cual Pasífae engendró a un monstruo, mitad humano mitad toro: el Minotauro. Humillado, Minos recurrió a Dédalo, su mejor arquitecto, para edificar un palacio inaccesible en el cual confinar a la bestia y evitar así que pudiera escapar, ocultándola…