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Tanto nos ha dado la Antártida. Ciencia, inspiración, literatura, arte, filosofía, sentido de identidad, una ventana al pasado profundo. Tanto nos ha regalado este continente de hielo, que ya era hora de que le devolviéramos el favor. En una decisión sin precedentes en la historia de la oceanografía universal, el mundo se unió hace un mes para establecer el santuario marino más grande del planeta: 1.55 millones de kilómetros cuadrados en la región del Mar de Ross, el último de los mohicanos en materia de mares, lo más prístino y productivo que nos quedaba en nuestro armario de maravillas; el repositorio de una abundancia alucinante de vida marina, incluyendo focas, pingüinos, peces, invertebrados y ballenas, y un exportador salvaje de recursos para el resto hambriento del océano. Me parece…