Descubierto en 1998, este controvertido geoglifo en el sur de Australia sigue dando que hablar. La figura, de 4,2 km de altura y 28 de contorno, nos muestra a un hombre con una especie de lanza (un bumerán, o lanzadardos) en la mano. Al principio, la comunidad indígena Arabana, que vive en ese territorio, no lo vio con buenos ojos -demasiados vuelos turísticos, demasiadas intrusiones en la tranquilidad de su vida profanada-, pero, con el tiempo, se ha habituado a su presencia y, naturalmente, ha aprendido a sacarle beneficio. Otro pueblo nativo, los Diyari, puso el grito en el cielo por la intromisión, pero, sea como fuere, el gobierno de Australia del Sur ha dejado claro que no emprenderá ninguna acción legal contra su autor. Para algunos, un vándalo, para…