En su época de mayor expansión, el Imperio otomano dominaba desde tierras de la actual Hungría central y la mayor parte de la península balcánica en el norte hasta la península arábiga en el sur; desde la actual Argelia, Egipto y los enclaves semiautónomos de Trípoli y Túnez, en el oeste, hasta Irán, en el este. También eran tributarios del sultán otomano los principados de Transilvania, Valaquia, Moldavia y Crimea, que se extendían entre Hungría y el mar Negro, y en el Mediterráneo -donde ejerció por largo tiempo un dominio total-, la mayoría de las islas del archipiélago egeo, incluidas Chipre y Creta en cierto momento.
No sólo islámico y turco
La base del Imperio, por tanto, la constituía una población muy heterogénea en su religión, su lengua y su…