Si hay algo que ha caracterizado a Isabel II a lo largo de todo su reinado, al menos externamente, ha sido su apego a una forma de vestir muy propia (aunque heredada en parte de la de su madre) y en absoluto británica que, hace años, causaba cierto estupor entre la realeza europea por su mezcla de kitsch y desaliñado: falda floreada recta de corte midi, abrigo-vestido, zapatos kitten heels (tacón bajo y curvo), bolso grande colgado del brazo… Sin embargo, en su madurez y ancianidad, sin abandonar esos rasgos, su estilo ha devenido en icono fashionista, en parte por el recurso a los tonos pastel armoniosos y, sobre todo, por sus emblemáticos sombreros. Al parecer, posee más de 5,000 de todos los colores, muchos confeccionados por Philip Somerville, su…
