En el último cuarto del siglo XIX, las potencias industriales de Europa se lanzaron al dominio de todas las zonas del planeta que les pudieran reportar beneficios económicos. Comenzaba la época de los grandes imperios coloniales, que iba a suponer no sólo el expolio de las riquezas de toda África y la mayor parte de Asia y Oceanía, sino un estado de tensión bélica permanente entre los principales países que, al final, desembocaría en la Primera Guerra Mundial.
Desde la segunda mitad del siglo XIX Europa estaba en plena segunda Revolución Industrial y necesitaba de modo masivo materias primas baratas. África, Asia y Oceanía eran territorios casi vírgenes que podían abastecer a bajo costo las grandes demandas de minerales, metales preciosos, caucho, algodón, azúcar, café, té, cacao, cáñamo, etc., productos…