Vivimos en una piscina radiactiva llamada Tierra. A pesar del miedo que durante décadas algunos grupos ecologistas se han dedicado a meter en nuestros cuerpos invocando los efectos perniciosos de la energía nuclear, la radiación de origen natural es responsable del 87 % de la dosis que recibe anualmente el ser humano. Las fuentes artificiales, como radiografías, radioterapias, exploraciones con marcadores radiactivos, lluvia radiactiva originada por las pruebas nucleares, las centrales nucleares, los detectores de humos, las fuentes luminosas, la televisión y los viajes aéreos, contribuyen con un 13 %. De este total la gran mayoría se debe a los tratamientos médicos, sobre todo radiografías, un 12 %. Las pruebas nucleares en la atmósfera y los accidentes nucleares, fundamentalmente el de Chernobyl, contribuyen con un 0,4 % del total y…