El monstruo, su emergencia y proliferación, es propio de los tiempos de crisis. Cuando nada se entiende, cuando nada se ve claro, cuando lo asumido perece y lo que está por venir no ha nacido. Cuando la unicidad estalla en particularidades. Cuando la anomalía y la anormalidad ocupan el lugar de lo establecido. Es entonces, en esos tiempos difusos, barrocos, indescifrables, en los que los monstruos pueblan la realidad. Por eso el infierno, el de El Bosco, de Dante o de Milton, cualquier infierno, está poblado de ellos.
UN MONSTRUO ES, EN SU ORIGINARIA ETIMOLOGÍA, una advertencia divina en forma de prodigio. Un portento. No es un error de los dioses (los dioses no yerran en su hacer) sino un certero hacer para el aviso, un explícito presagio. Un monstruo…
