Muchas personas, en sus relaciones eróticas, se limitan a acariciar de manera rápida, superficial y de modo casi rutinario, con el consiguiente riesgo de caer en la monotonía y, lo que es peor, en la indiferencia. Para evitar esto, siempre viene bien conocer sensualmente el propio cuerpo y el de la pareja, si la hubiera. Tocar, palpar y besar por todos los rincones. Isabella Magdala sugiere, en esta fase de aprendizaje, “hacerlo con los ojos tapados para sentir con mayor profundidad, dar y recibir, e ir intercambiando los roles, dejando que la erótica nazca por sí sola, sin pretensiones, explorando las distintas formas del contacto piel con piel, con manos, labios y lengua. Se trata de tomar consciencia de que la sexualidad y lo erótico van más allá del propio…
