Prácticamente todas las expresiones de la erótica, a excepción del coito, sufren el estigma de la desconsideración, pues ninguna de ellas, desde la norma más extendida, se considera relación sexual completa. Basta con comprobar qué se responde, y qué se pregunta, en las encuestas ante cuestiones como “¿Has tenido relaciones sexuales?” o “¿A qué edad fue tu primera vez?”.
Isa Nadal, socióloga y activista LGTBI, tiene claro que aún impera “el sexo asumido como heterosexual, y con el coito y el falo como núcleo de las relaciones sexuales”. Y eso, según esta investigadora, “hace un flaco favor a la diversidad sexual, así como de prácticas, preferencias, gustos, orientaciones e identidades, e impide un desarrollo satisfactorio de las relaciones eróticas, pues, entre otras cosas, oculta y margina parte de la sexualidad…