Hasta la época de Julio César, en Roma rigió un calendario de diez meses, periodo al que seguían otros cincuenta o sesenta días que se ajustaban al ciclo solar. De esos bloques temporales, más de la mitad se conocían por el orden que ocupaban. Así, después de marzo –dedicado a Marte, dios de la guerra–, abril –por Afrodita, diosa de la belleza–, mayo –de Maia, divinidad de la floración– y junio –por Juno, diosa de la maternidad–, venían quintilis y sextilis. Les sucedían septiembre –de séptimo–, octubre –octavo–, noviembre –noveno– y diciembre –décimo–. El primer día de cada mes se conocía como calendae, y era cuando se abonaban los intereses de los préstamos. De ahí nació la palabra calendario.
La posterior división juliana, ya con enero y febrero al principio,…