Tras conocerse en Europa la noticia de la caída de Constantinopla, el Dux de Venecia recibió una carta del cardenal católico de la ciudad, Bessarion, redactada en estos términos: «Ha sido un hecho espantoso ante el que deben llorar cuantos conserven un punto de humanidad, y antes que ningún otro, los cristianos. Una ciudad floreciente, imperial, con tantos hombres ilustres y tan gran número de familias famosas y de abolengo, una ciudad próspera, capital de toda la Grecia, gloria y esplendor del Oriente, escuela de las bellas artes y sede de todas las excelencias, acaba de ser conquistada, despojada, devastada y saqueada hasta los cimientos con la ferocidad de las bestias salvajes por los más inhumanos, sanguinarios y crueles enemigos de la religión cristiana. Ahora, el peligro se cierne sobre…
