Trento, la localidad elegida para la reunión, pertenecía en ese momento al Imperio austrohúngaro. No cabe duda de que resonaba su pasado religioso, vinculado al famoso Concilio donde se sentaron las bases de la Contrarreforma.
El Congreso fue organizado por la Liga Internacional Antimasónica, que se había fundado en 1893 en Roma, y que dirigía el príncipe Carlos de Löwestein, un destacado noble alemán, político del Zentrum católico, siendo miembro del Reichstag, para terminar como fraile dominico. León XIII, que había actualizado el discurso antimasónico de la Iglesia Católica, dedicó un Breve a esta reunión. El papa publicó hasta cuatro Encíclicas sobre la masonería, consciente de que la última sobre esta cuestión era muy antigua, del papa Pío IX, y del año 1846.
Acudieron treinta y seis obispos, cincuenta delegados…