En los siglos modernos, poner en marcha una empresa naval era algo muy complejo: no solo se nombraba un capitán general de la armada, sino que comenzaban una serie de complicados preparativos que iban desde embargar o requisar barcos, hasta ordenar su construcción. Se nombraban veedores, tenedores de bastimentos y vituallas y, en sus libros, se anotaban las cantidades de víveres, agua, artillería, munición, número de soldados y de marineros.
España no vivió de espaldas a las empresas del mar, sino todo lo contrario. Hubo muchos profesionales que estuvieron involucrados desde sus negocios en tierra firme: madereros, carpinteros, toneleros, corcheros, herreros, caldereros, plomeros, curtidores, boticarios (para los emplastos y ungüentos), pescadores, leñadores, carboneros, cereros, estibadores. Esta extensa lista impulsó la economía del país y ayudó a los profesionales a sobrevivir.…