Mientras la literatura del Imperio romano de Oriente ha generado un importante corpus bibliográfico, la producida en la Hispania visigoda ha sido marginada, con la salvedad de san Isidoro de Sevilla; y conviene subrayar que, en este aspecto, la península ibérica entre los siglos v y viii no fue lo que se dice un erial.
La obra magna de san Isidoro, obispo de Sevilla entre 602 y 636, fueron las Etimologías, una especie de enciclopedia en la que ningún saber humano (gramática, medicina, derecho, fauna, geografía, indumentaria, historia de la Iglesia…) resultaba superfluo. Hermano de otro «cerebrito», san Leandro, autor de De la educación de las vírgenes y del desprecio del mundo, san Isidoro arguyó que Zaragoza era «la más insigne de todas las ciudades de Hispania y la más…