Creso, el rey de Lidia, teme el ascenso de Ciro II y de su incipiente y vecino Imperio persa. Dubitativo ante lo que debe hacer pese a su belicoso temperamento, Creso consulta el Oráculo de Delfos. El Dios, vía pitia, vía profeta, se muestra concluyente: «Creso, si cruzas el río Halys destruirás un gran imperio». Envalentonado, Creso lo tiene claro: marcha con sus tropas hacia el este y cruza la frontera natural entre ambos imperios, el río Halys. Es el año 547 o 546 a.C. y a resultas de la batalla del Río Halys y de la subsecuente de Timbrea, un Imperio es destruido: el Lidio, el del propio Creso que perece, él mismo, en la contienda. ¿Qué no entendió Creso del augurio?, ¿por qué un pronóstico tan contundente lo…