En noviembre de 1933, las elecciones generales, las primeras en que votaron las mujeres, abrieron un nuevo ciclo reaccionario. La fragilidad del PSOE, el desplome de la Acción Republicana de Azaña y el auge de las fuerzas de derechas, mucho más cohesionadas, se entendieron como una enmienda a la totalidad de las políticas del bienio reformista. La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), que concurría con los monárquicos de Renovación Española y un sinfín de organizaciones regionales, fue la lista más votada y, por ende, el sostén del Partido Republicano Radical de Lerroux, que pudo formar gobierno sin incluir a ningún miembro de la CEDA en su gabinete. La formación de José María Gil-Robles era, para las izquierdas, el lobo feroz. En su ideario, república y monarquía constituían meros accidentes,…