El colapso del califato omeya supuso la aparición de numerosas taifas gobernadas por árabes, eslavos o bereberes. La de Sevilla, regida por los abbasíes –que se expandiría integrando Córdoba, Niebla, Huelva, Santa María del Algarve y Silves–, y la de Zaragoza y Lérida, gobernada por Sulayman ibn Hud, fueron los dos reinos árabes más importantes de este periodo. El primero duraría dos décadas, y el segundo, siete. En poder de los bereberes cayeron Badajoz, Toledo, Málaga y Granada, entre otras, mientras que los eslavos consiguieron adueñarse de Murcia, Valencia, Denia y Baleares. Pero todo ello de forma temporal, pues en la mayoría de los casos las taifas más pequeñas fueron engullidas por las mayores. Las taifas, en general, perecieron a causa de la conquista por parte de otra taifa, de…