Los meses del Frente Popular estuvieron dominados por la violencia política, que el Gobierno se vio cada vez más incapaz de controlar. Siguió a las elecciones una proliferación de milicias de todo tipo –falangistas, socialistas, carlistas, comunistas, anarquistas y varias más– que, encuadradas en grupos paramilitares, se entregaron a una espiral de asesinatos y venganzas. Se calcula que, entre febrero y julio, hubo más de 250 víctimas, si bien, pese a la leyenda negra que pesa sobre este período, ninguna de ellas pertenecía al clero. Destacó por su agresividad Falange Española, que de ser un movimiento minoritario –obtuvo solo 45.000 votos– pasó a crecer espectacularmente (recibió 15.000 nuevos afiliados procedentes de la CEDA en pocas semanas). Iban armados, se entrenaban en campos de tiro y seguían tácticas de asalto fascistas.…