San Bernardo de Claraval (1090-1153), el gran impulsor de la Orden del Císter, en un viaje de intercambio cultural y religioso de cuatro años, a mediados del siglo XII, recorrió Occitania; pero, para desengaño de las autoridades de Roma, no obtuvo ningún avance entre las comunidades heréticas con sus prédicas. La Iglesia cátara, antes al contrario, no cesaba de crecer: en 1167, en la población de Saint-Felix-de-Caraman (hoy, Saint-Felix-de-Lauragais), se celebró un concilio con la presencia de cuatro obispados cátaros en tierras occitanas (Albi, Carcasona, Toulouse y Vielha; este último, en nuestro Valle de Arán).
Así las cosas, el pontífice Inocencio III, al recibir información de este incremento de la fe cátara, no tardó en enviar a Occitania a un representante de la Iglesia oficial para que se encargara del…
