En 1995, el cine indie estadounidense se encontraba en estado de gracia. Quentin Tarantino, después de Reservoir Dogs (1992), había estrenado el año anterior Pulp Fiction y había ganado el Oscar al mejor guión (y otras seis nominaciones). La película la produjo Miramax, la misma compañía que produciría y distribuiría Smoke en 1995 y que dos años antes había sido comprada por Disney. El mismo año que Smoke se estrenaron títulos como Dead Man, de Jim Jarmusch, The Addiction, de Abel Ferrara, o Antes del amanecer, de Richard Linklater. Parecía que el tiempo de los blockbusters ya era historia y que, por fin, el mundo del cine había madurado: productores, distribuidores, espectadores… También vieron la luz ese año Poderosa afrodita, de Woody Allen, y Camellos, de Spike Lee. Nueva York…