En noviembre de 1533, Pizarro hacía su entrada triunfal en Cuzco, pero la conquista, en realidad, tenía los pies de barro. Los dos generales de Atahualpa, Quizquiz y, sobre todo, Rumiñahui, lograron reagrupar a los restos del ejército inca para ofrecer una dura resistencia armada contra los españoles. El segundo se autoproclamó shyri en Quito, reclamando para sí el control del norte del Perú. Sería uno de los hombres de Pizarro, Sebastián de Belalcázar, que a esas alturas ya albergaba ambiciones enteramente propias, el encargado de sofocar la rebelión y ejecutar al caudillo rebelde. Pero no fue este el único quebradero de cabeza para el extremeño. A la sublevación del inca Manco Cápac II, el títere de Pizarro que sucedió al fallecido Túpac Hualpa, se sumó el enfrentamiento, ya inevitable,…
