La bebida fue protagonista de todo el Medievo: es comprensible que aquellas gentes buscasen un refugio para sus monótonas y grises existencias, pero lo cierto es que bebían muchísimo. A principios del siglo XIX, apareció en un monasterio bávaro una colección de cantos tabernarios a la que el gran compositor Carl Orff (1895-1982) puso música cien años después con el nombre de Carmina Burana. Una de las canciones dice así:
Bebe la patrona, bebe el patrón, bebe el soldado, bebe el cura, este bebe, aquella bebe, bebe el esclavo con la sirvienta, bebe el diligente, bebe el perezoso, bebe el blanco, bebe el negro, bebe el constante, bebe el veleta, bebe el loco, bebe el sabio.
Beben el pobre y el enfermo, el desterrado y el forastero, bebe el niño,…
