Los saqueos y destrucciones protagonizados por los vándalos fueron frecuentes durante los años que permanecieron en Hispania, causando grandes mortandades entre los invadidos. Su arrianismo fanático fue especialmente intolerante con los católicos, a quienes despojaban de sus propiedades, desterraban o, simplemente, asesinaban. En 430, víctima de estas privaciones, falleció el obispo san Agustín, uno de los padres de la Iglesia católica, y su muerte fue considerada una afrenta especialmente dolorosa, que llevó al papa y a la Iglesia a demonizarlos. Siglos más tarde, en 1794, Henri Grégoire, obispo de Blois y entusiasta defensor de la Revolución Francesa, recogió este rencor atávico hacia los vándalos calificando de “vandalismo” el saqueo de monasterios y abadías perpetrado por parte de la población durante el convulso período del Terror.
SINÓNIMO DE DESTRUCCIÓN. Así se…
