En su búsqueda de poder absoluto, Stalin no aceptaba competencias ni discrepancias. Uno a uno fue eliminando a todos los miembros destacados de la vieja guardia soviética, antiguos camaradas de Lenin, que podían hacerle sombra. El primero contra el que actuó, pues era el de mayor prestigio, fue Lev Davídovich Bronstein, conocido como Trotski. Tras ser destituido de la jefatura militar, fue después expulsado del partido, deportado a Kazajistán y, finalmente, desterrado de la Unión Soviética. Primero residió en Turquía, luego pasó a Francia, de ahí a Noruega, hasta que, finalmente, recaló en México a principios de 1937. Durante su periplo no cejó en el activismo político revolucionario, así como en las críticas furibundas a Stalin, al que acusaba de dictador asesino y de llevar al país de vuelta al…