Sobrino del emperador Justino I, Justiniano llegó al trono bizantino en 527. Su familia, aunque emparentada con la imperial, era humilde; y su oscuro origen pudo, según algunas fuentes, espolear su ambición de ser emperador no sólo de Oriente, sino de las tierras occidentales. Mientras en Constantinopla se erigía el templo de Santa Sofía, Justiniano aseguraba las fronteras orientales mediante pactos con los sasánidas, que le permitieron intentar recuperar el maltrecho Imperio de Occidente. Envió al general Belisario, colaborador suyo, a liquidar el reino ostrogodo, tras conquistar zonas del norte africano y el este hispano. Narsés sustituyó a Belisario, que no pudo vencer a los germanos, y entregó la Itálica a Justiniano. Con Roma en su poder, podría decirse que fue el último emperador romano en vez de Rómulo, aunque…
