El turista que se adentra en la moderna Atenas se siente, normalmente, algo decepcionado. Como si el nombre de la ciudad pesara más que su actual aspecto, el visitante contempla las ruinas del pasado difuminadas, deglutidas casi, en el torbellino de la ciudad de hoy, aparentemente tan alejada de su gloriosa Historia. Sin embargo, el viajero, ese que se acerca a esta ciudad con los ecos de su pasado resonando en la memoria, si es capaz de ver más allá de lo que cuentan los guías y las guías, puede, de repente, sentirse completamente atrapado por una luz que va más lejos del propio conocimiento de la Historia.
Sin saberlo, sin haberlo estudiado nunca, el viajero puede percibir que en el año 1900 Grecia era un país con una población…