En la región de La Cordillera, en el norte de Filipinas, muchos lugareños siguen soñando con nadar en ríos de oro, con el hallazgo de un inmenso tesoro que, antes que a ellos, obsesionó a sus padres y a sus abuelos. Se trata, con todo, de algo más que una simple leyenda. En 1944, el general Tomoyuki Yamashita asumió el mando de las tropas japonesas en Filipinas, en los últimos compases de la II Guerra Mundial. Más allá de la dirección de las operaciones en el frente, Yamashita, apodado entonces el Tigre de Malasia, tenía la misión de poner a buen recaudo un inmenso tesoro amasado tras años de saqueo en Singapur, Malasia, China, Taiwán y Korea.
GIGANTESCO CAPITAL
El botín, de incalculable valor y resultante de la confiscación de…
