“Hay otros males muy perniciosos que son, con seguridad, restos del paganismo, como la magia, la astrología judiciaria, el sortilegio, el maleficio o el envenenamiento, la adivinación, los encantamientos o los hechizos y las conjeturas que se deducen en los sueños. Estos males deben ser severamente castigados, según la ley de Dios”. Con esta frase, los asesores del rey Luis I (778-840), sucesor de Carlomagno, le propusieron aplicar la pena de muerte a todos aquellos que realizaran algún oficio pagano, bajo lo que entonces se conocía como maleficia.
Corría el año 829 y, pese a la insistencia con la que se dirigieron al monarca, éste decidió no seguir su consejo, ya que, por aquel entonces, la brujería no se equiparaba a nada negativo, sino a lo que realmente era, “restos…