Hay herencias que no se escriben en testamentos. No tienen valor de mercado, pero pesan, y mucho. La pasión por la moto es una de ellas. Se transmite sin palabras exactas, como un lenguaje secreto hecho de sonidos, olores y gestos. Basta con ver a un padre —o una madre— ajustar el casco a su hijo, comprobar los guantes, señalar con la cabeza antes de arrancar. Ahí ya va todo dicho.
Muchos de nosotros crecimos viendo una moto aparcada en el garaje como si fuera un tótem. A veces, incluso sin montar en ella durante años, sabíamos que representaba algo más que un medio de transporte: una idea de libertad, de carácter, de identidad. Y cuando por fin llegó el día de subirnos, supimos que esa historia también era nuestra.…