Ciaran y Jenn nunca habían cuestionado el hecho de que querían una familia, pero sabían, dado el historial de ovario poliquístico de Jenn, que podrían requerir algo de ayuda.
Llevaban casi un año intentando concebir y estaban por recurrir a la fertilización in vitro cuando, después de una cita, el médico sugirió que estudiaran también el esperma de Ciaran.
Unas semanas más tarde, la pareja regresó para reunirse con un especialista. La atención, como siempre, estaba puesta en Jenn, pero de pronto, el doctor les pasó un documento con los resultados de la prueba. “No hay mucho que podamos hacer por ti, Ciaran”, le dijo.
Ciaran sintió “como si estuviera teniendo una experiencia extracorporal”, como si se hubiera enterado de la muerte de algún ser querido.
Sus análisis revelaban un conteo…