ME SENTÍA BIEN hasta el final de mis veintes, y luego los síntomas misteriosos aparecieron. Casi de la noche a la mañana, comencé a sentirme constantemente cansado, confundido, desorientado, y bueno, estúpido. Cada primavera, mis amigos con alergias apuntaban a sus propios malestares: normalmente picores y estornudos. Eso no tenía mucho sentido para mí, contemplando que yo me sentía mal todo el año. ¿Sería posible que hubiera desarrollado una alergia a algo más permanente, como a los ácaros del polvo, el árbol del ficus o a la caspa de los animales?
Me llevó tres años de investigaciones y pruebas encontrar la respuesta. Pero a lo largo del camino, aprendí algo más impresionante. Si no eres como yo hoy, podrías serlo en el futuro, y tendrás que trabajar muy duro para…
