ANTES DE QUE EL COVID alterara el mundo, un trabajo era algo a lo que ibas. Cinco días a la semana, ocho horas al día. A menudo en una oficina. El trabajo era el trabajo, y la vida era el resto. Entonces, ¡zas!, sufrimos el cambio más revolucionario en la cultura laboral en, al menos, una generación. Los afortunados que podían hacerlo trabajaban desde casa, eligiendo cuándo, dónde y cómo –a diferencia de los trabajadores de la serie de Apple TV+ Severance (Separación, en España), que no tienen conciencia de una parte de su vida cuando están en la otra–. En el mundo real, el trabajo se convirtió en vida, y la vida se convirtió en trabajo. Todo se mezcló. Mientras que antes el trabajo y la vida parecían contrapesos…
