Jason Blum sabe que si se cae, las cosas podrían ponerse muy gores. Tiene frente a él un cajón de madera de 61 cm sobre el cual hay cinco discos de plástico cuyo grosor es de 10 cm cada uno (111 cm de altura total,). La pila de objetos casi le llega al pecho, pero este productor de cine de más de metro ochenta va a intentar subirse a ella de un salto. “Puede que haya mucha sangre”, bromea, y luego habla sobre espinillas rotas, labios partidos, y, en general, toda la amplia variedad de destrozos irreparables que puede provocar un aterrizaje fallido. “Es que hago películas de terror”, afirma con tono de humor.
Blum dobla sus rodillas, salta, y, al llegar, contrae las piernas con fuerza. Luego, vuelve al…
