A veces todo es cuestión de persuasión, convencerse de que no hay peligro. Husai mira a su alrededor, todo parece tan normal como antes, podría cerrar los ojos y olvidarse de todo. Pero, cómo no darse cuenta de esas casas deshabitadas alrededor de la de ella, de las excavadoras que despejan la ciudad, de las calles vacías, de esas hierbas que invaden las aceras y que escalan a lo largo de las paredes, ese silencio y, sobre todo, lo que no vemos, esas diminutas partículas que flotan en el aire, que se posan en el suelo y en el follaje. Cesio 134, estroncio, tritio... tantos enemigos invisibles, terribles y terroríficos: la radioactividad.
Arrodillada sobre el tatami, Husai Yashima, de 52 años, está preocupada. Ocho años después del desastre de Fukushima…