¿Desde cuándo sos parisino? es la pregunta. Algo irónica, tal vez, pero importante: evidencia que el parisino no siempre nace sino que goza de una ciudadanía caprichosa que no depende del tiempo, de la burocracia, del origen: se es y punto. Tiene que ver, en todo caso, con una cuestión de espíritu.
Ese espíritu inabarcable, antiguo y moderno, minúsculo y monumental, es la esencia de Longchamp y de su Gerente General y Directora Creativa Sophie Delafontaine. “La parisina no es un ícono inmóvil, sino una actitud. Es activa, curiosa y, por eso mismo, siempre está en movimiento. Cultiva una elegancia sencilla, una espontaneidad: le gusta mezclar estilos”, dice, y parece hablar de ella misma. Tercera generación de los Cassegrain, familia fundadora —su abuelo creó Longchamp en 1948, vendiéndole pipas recubiertas…