Son las dos de la tarde de un lunes y estoy sentada en un bar –Punto Mona, en Chacarita– que hasta el miércoles no abrirá. Se siente como un aeropuerto o un museo de noche: liminal, sin tiempo, un no-lugar. Leo el menú y los cócteles me hacen pensar en las canciones de un álbum. “Burbujeante y real, rocío de verano, crepúsculo, rudo y dulce, tónico americano, alma brava, carozo sin temporada, gaucho, muy chill”. Suena un single de Thee Sacred Souls, una banda de retro-soul que identifiqué gracias a Shazam.
Clic clic clic hace la cámara. Posa con sus accesorios de Julio Toledo, el pelo lacio, oscuro. Clic clic clic. Es, y sabe que es, una marca registrada, una purasangre. Se corrige, se acomoda, casi no requiere dirección. En…
