Es una enorme camelia blanca en el centro de la habitación. Una flor tan grande que esta vez podría alcanzar y agarrar a un hombre, y no al revés. Es una escultura monumental pero radicalmente sobria, plantada aquí, frente a nosotros, en medio del desfile prét-a-porter Otoño-Invierno 2023/2024 de Chanel, que está a punto de lanzar sus luces, o más bien sus fuegos, cada una de las llamas que son estos cuerpos.
Si ya se sabe por qué Gabrielle Chanel adoraba la camelia –la ausencia de espinas y de perfume, la elegancia neutra y pura–, no se podía esperar ver a una mujer dentro de ella. De repente, unos grandes ojos se abrieron en su interior. De repente, párpados altos y dos pupilas negras, absolutamente negras, ahora una boca, toda…
