El sol, los cambios de clima y el tabaco dejan más expuesta la piel a la contaminación ambiental. Esa enemiga silenciosa hace reaccionar el oxígeno de las células, provoca la acción de los radicales libres (responsables de acelerar el envejecimiento) y, por lo tanto, la aparición de arrugas prematuras. Al ensuciar la superficie, obstruye los poros y acaba con antioxidantes como las vitaminas C y E. Las consecuencias son obvias: deshidratación, irritabilidad y más problemas para las pieles sensibles.
Sabemos que la mejor forma de evitar el envejecimiento externo es la prevención (usar protector solar todo el año, no consumir alcohol ni tabaco, beber mucha agua y, por sobre todo, dormir ocho horas). Pero ante el incremento de la polución, especialmente en ambientes urbanos, eso no alcanza. Es necesario utilizar fórmulas que…
