Mercedes, “Cherinas”, por fin la niña, después de cinco varones, nació en la casa palacio de los Junco, una de las familias más antiguas de Palencia, y creció entre algodones, por ser la pequeña, la única mujer y la niña de los ojos de su padre.
Cuando, en plena Guerra Civil, coincidió por casualidad con el periodista Antonio Sánchez Gómez, se había convertido en una belleza alta y delgada, con ojos soñadores, cintura de avispa y una melena de color caoba como la de Gilda. Aunque tenía muchos pretendientes, Antonio la enamoró con sus ojos verdes, su acento rondeño, su entusiasmo, su inteligencia y los poemas que le dedicaba en sus cartas.
Dos años más tarde, se casaron en la Catedral de Palencia y se instalaron en un pequeño piso…
