El camino del artista a veces es complejo. Inconstante, distraído, frágil… pero aún así no deja de ser afortunado. Bendito el don del desahogo que posee el artista como instrumento que transmuta la vibración en arte -crear es un milagro-; bajar a tierra el pálpito casi divino de la inspiración, hacer tangible lo inefable, llenarse para después abrazar el vacío y volver a llenarse de nuevo. Acoger con humildad el lienzo vacío, la piedra en bruto, la partitura huérfana de notas, el folio en blanco, el cuerpo frío para después dar a luz y pintar, esculpir, componer, escribir o bailar la emoción que nace de las mismas entrañas y que se vuelve presente con los sentidos, con el tacto, la vista, el gusto, el oído y hasta el olfato. El…
